03 Jun, 2026

Mi Profesor Cruzó la Línea y Yo No Supe Reaccionar

Mi Profesor Cruzó la Línea y Yo No Supe Reaccionar

Entré a la universidad con 17 años, llena de expectativas. Un profesor —carismático, respetado, 25 años mayor— empezó a darme "atención especial". Me invitaba a su oficina para "revisar trabajos", me escribía mensajes fuera de horario, me hacía sentir que yo era su alumna favorita.

Cuando pasó lo que pasó, yo no dije que no. Pero tampoco dije que sí. Estaba paralizada, confundida, y aterrada de que si lo rechazaba, mis calificaciones, mi carrera, todo se vendría abajo. Él lo sabía. Contaba con eso.

La zona gris que no es gris

Durante años me atormenté con la pregunta: "¿Fue abuso si yo no me resistí?". La respuesta que encontré en terapia fue clara: el consentimiento bajo coerción, presión de autoridad o desequilibrio de poder no es consentimiento. Punto. No importa que no haya habido violencia física. No importa que yo haya "dejado que pasara". Él tenía el poder y lo usó.

Lo que me hizo ese profesor dejó secuelas profundas: desconfianza hacia figuras de autoridad, dificultad para establecer relaciones sexuales donde no me sintiera en una posición de desventaja, y un patrón de "complacer" para evitar conflictos que se extendió a toda mi vida.

La terapia como justicia personal

No lo denuncié formalmente —esa es una decisión personal que respeto en cada sobreviviente—. Pero la terapia en Equilibrio Mental me dio algo que ningún tribunal podría: la certeza de que lo que me pasó fue real, fue grave, y no fue mi culpa. Mi terapeuta me ayudó a desmontar la narrativa de "yo lo permití" y reemplazarla por la verdad: "él se aprovechó de mí".

Hoy soy profesional, tengo una pareja sana, y puedo hablar de lo que viví sin hundirme. Si estás pasando por algo parecido: no estás sola, no fue tu culpa, y hay camino.

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