13 May, 2026

Buscaba Sexo Como Quien Busca una Droga

Buscaba Sexo Como Quien Busca una Droga

No era placer lo que buscaba. Era escape. Cada vez que la ansiedad me superaba, cada vez que me sentía vacío o solo, abría una app de citas y buscaba un encuentro sexual. No importaba con quién, no importaba dónde, no importaba el riesgo. Lo que importaba era esa descarga química de 15 minutos que me hacía olvidar todo lo demás.

En mi peor momento, tenía 3-4 encuentros sexuales por semana con personas diferentes. No usaba protección de manera consistente. Contraí dos infecciones de transmisión sexual. Gasté miles de pesos en hoteles, regalos y salidas que no podía costear. Y cada mañana después, el vacío volvía —más grande que antes.

El ciclo del que no podía salir

La conducta sexual compulsiva funciona igual que cualquier adicción: tensión emocional → búsqueda del estímulo → gratificación momentánea → culpa y vergüenza → más tensión emocional → más búsqueda. Un circuito cerrado que se retroalimenta y escala.

Lo que la sociedad no entiende es que esto no se trata de "ser un mujeriego" o "no poder controlar las hormonas". Es un trastorno real del control de impulsos, con bases neurológicas, que requiere tratamiento profesional. No es una cuestión de voluntad.

Pedir ayuda fue un acto de supervivencia

Llegué a Equilibrio Mental después de que mi conducta casi me costara mi trabajo (una compañera encontró mensajes explícitos en mi teléfono corporativo). La terapeuta no me juzgó, no me miró con asco, no me dijo que era un "degenerado". Me dijo: "Lo que tienes es tratable. Vamos a trabajar juntos."

Descubrimos que mi conducta compulsiva era un mecanismo de regulación emocional. Debajo del sexo compulsivo había una depresión no diagnosticada, un trauma de abandono infantil, y una incapacidad aprendida para gestionar emociones difíciles. El sexo era mi anestesia. Hoy tengo 8 meses de conducta controlada y una vida emocional que ya no necesita anestesiarse.

Volver a Historias y Relatos